Abrimos tres veces al año y por pocos días, para poder acompañar bien a cada una. Cuando vuelva a abrir, me gustaría que lo sepas antes que nadie.
Seguiste el patrón. Viste el tutorial. Y aun así algo no cuadró, y ese proyecto terminó a medias, guardado en una bolsa. No es que tejas mal. Te faltó que alguien te explicara el porqué.
Eso es lo que hacemos acá: una clase nueva cada sábado, en vivo, y mi WhatsApp para cuando te trabes un martes a las once de la noche.
Nueve años enseñando a tejer en persona, a miles de alumnas. Sé exactamente en qué vuelta se traba la gente, porque lo vi pasar delante de mí cientos de veces.
Sus tejidos, hechos en su casa, con el tiempo que tenían.
“Tenía como tres proyectos a medias guardados en la casa. Uno sin ojos, otro a medio armar, y ahí se quedaban. Entré porque quería terminar aunque sea uno. Y lo hice, el primero lo terminé en una semana. Me trabé en el armado y en vez de dejarlo otra vez, pregunté en el grupo y en un par de horas me contestaron. Desde ese proyecto, no he parado, ya van unos 8 o 9.”
“Yo ya tejía, pero mis prendas me salían deformes. Los comparaba con la foto del patrón y no era lo mismo. Pensaba que tejía mal. Resulta que no era eso, me faltaba que me explicaran el porqué de cada cosa, no solo el cómo. La primera vez que Katia me lo explicó, me sorprendí con la diferencia. Ahora ya le quedan lindas y puedo ponerle algunos detalles que se me ocurren en el momento.”
“Yo ya tejía, hacía mis prendas, flores, pero los amigurumis los veía y decía, eso no es para mí, eso es otra cosa. El armado, leer el patrón, darle forma, la verdad, me parecía imposible. Me animé con uno sencillo y lo terminé. No quedó perfecto, es mi monstruito, pero era un muñeco de verdad y lo había hecho yo. De ahí no paré, mis nietos tienen varios y duermen con ellos.”
37 proyectos, a crochet o a palitos. Al entrar eliges los tuyos de regalo, y cada 2 meses se suma uno nuevo.
Y si me preguntas a mí, ve por los seis meses. Es el tiempo en que de verdad terminas tus tejidos, en vez de seguir juntando lana que se queda en la bolsa.
Lo que más me gusta de todo esto es ver a una que llegó con miedo terminar su proyecto y decir, sorprendida: «lo hice yo».
Da igual si es tu primer proyecto o el número veinte. Yo todavía me emociono cuando una lo termina y lo muestra. Te espero adentro.